En homenaje al arquitecto Carlos Mario Pasqualini, por su intervención para evitar que el Transbordador Nicolás Avellaneda fuera a desguace en el año 1994.




EN OCTUBRE 2017 SERÁ REINAUGURADO EL TRANSBORDADOR AVELLANEDA

EL REGRESO DE UNA JOYA URBANA
Página 12 | 13/06/2017

Tras casi 60 años de desuso, la estructura que conecta el Riachuelo con la isla Maciel está en la última etapa de restauración, que había sido programada para su centenario, en 2014. Impulsarán su candidatura como Patrimonio de la Humanidad.
El cruce se volverá a hacer con un vagón colgante.
Imagen: Sandra Cartasso 





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Clarín HD | 14/06/2017

Tras 60 años de inactividad y un intento de desguace, volverá a funcionar el puente transbordador de La Boca.  El Puente Transbordador Nicolás Avellaneda, uno de los ocho que quedan en pie a nivel mundial e ícono del barrio porteño de La Boca que supo retratar como nadie Quinquela Martín, será reinaugurado a fines de septiembre tras permanecer casi 60 años en desuso y luego de ser sometido a un minucioso proceso de restauración y puesta en valor que respetó su diseño, aspecto y materiales originales. 
(Telam y archivo Clarín)  



LA BOCA RECUPERARÁ EL TRANSBORDADOR

FUENTE:  Diario LA NACIÓN 16/02/2017  - AQUÍ



Vialidad Nacional repara el centenario puente Nicolás Avellaneda; la cabina podrá unir nuevamente ambas orillas del Riachuelo; todavía no está definido qué tipo de viajes realizará.
En el sur de la ciudad hay un gigante de metal, un ícono porteño que busca volver a brillar después de más de cinco décadas de abandono: el centenario transbordador Nicolás Avellaneda, que cruza el Riachuelo y une el barrio de La Boca con la Isla Maciel. Avanzan los trabajos para la puesta en valor de este puente catalogado como monumento histórico nacional -una de las ocho estructuras de este tipo que quedan en pie en todo el mundo- y se espera que dentro de tres meses quede operativo. Aún se analiza qué uso tendrá.
El arreglo de esta obra de ingeniería, de importante protagonismo en las típicas postales de La Boca, estuvo previsto para 2014, cuando cumplió sus primeros 100 años de vida; pero, por distintos motivos, se retrasó. Ahora, desde el Ministerio de Transporte -que, a través de Vialidad Nacional, controla la ejecución de las tareas- informaron a LA NACION que el 86% de la rehabilitación ya fue realizada y que su reinauguración se prevé para mayo próximo. Los trabajos tienen un costo de $ 160 millones, según los datos oficiales.
El transbordador, construido a pedido en Inglaterra y ensamblado luego en la Argentina, empezó a funcionar el 31 de mayo de 1914. Cumplía un rol fundamental para la época: en un vagón colgante, sujeto mediante cables de acero de 20 mm de diámetro que corrían a través de un riel superior, la gente y los carruajes cruzaban de un lado a otro del Riachuelo. Era de gran utilidad para la actividad portuaria que se desarrollaba en la zona y servía de conexión entre la ribera de la ciudad y la de Avellaneda, distrito que se caracterizaba por su pujante actividad industrial. En pocos minutos, cientos de trabajadores cruzaban de un lado a otro del canal.
Pero el viejo puente dejó de estar activo en 1960. Desde entonces, este símbolo de la Capital lleva más de cinco décadas en desuso, sometido a un estado de abandono y transformado en una figura fantasmal que generó dudas sobre su futuro. En la década del 90, incluso, surgió un proyecto que buscaba desmantelarlo para vender sus materiales como chatarra, algo que no sucedió porque distintas asociaciones civiles y legisladores porteños interpusieron demandas con el objetivo de conservar la estructura.
"Es que se trata del segundo ícono de la ciudad, después del Obelisco", recalcó en diálogo con LA NACION Gabriel Lorenzo, director ejecutivo de la ONG Fundación X La Boca, una de las organizaciones que se movilizó en contra del desarme del puente. En 1999, el transbordador y sus dos riberas fueron reconocidos como una unidad de identidad sociocultural y se la protegió como monumento histórico nacional. Es la única estructura de su tipo en el continente americano.

PRUEBAS

La barcaza que se trasladaba de una orilla a la otra ya fue reparada y se realizaron algunas pruebas para corroborar su funcionamiento, indicaron fuentes del Ministerio de Transporte de la Nación. Aún no está definido si el vagón colgante podría ser utilizado como atractivo turístico o para alguna situación en particular, como, por ejemplo, una experiencia con fines educativos. Al menos por ahora, según los voceros, "no está pensado para que transporte personas de manera cotidiana y sólo podría activarse, eventualmente, para demostrar cómo funcionaba".
Desde Vialidad Nacional indicaron que la primera etapa de los trabajos estuvo abocada al análisis del estado del puente, al reacondicionamiento de la cabina desde donde se controla la traslación del transbordador y a tareas de electromecánica para el normal funcionamiento de la maquinaria de la barquilla. El mecanismo es el original. Luego, fue el turno de la puesta en valor de la imponente estructura en su conjunto: se efectuaron obras de reparación, arenado (se propulsa un fluido a alta presión contra una superficie para alisarla) y pintura (ahora luce un gris brillante). También se instaló el balizamiento aéreo del monumento.
"Ojalá se reactive. Sería un atractivo turístico más y recuperaría un valor para nuestro barrio", dijo la vecina Graciela Alderete a LA NACION. Leandro, otro vecino de La Boca, se mostró conforme con el rescate de la estructura. "Es parte de la historia. Hay que cuidarlo", opinó.
Desde la Fundación X La Boca trabajan también para que funcione el centro de interpretación histórica ubicado al pie del transbordador, que cuenta con información sobre ese lugar de referencia, recordó Lorenzo. Cuentan con la colaboración del Centro de Ingenieros, que participó en la confección de un informe sobre el estado de la estructura de más de 50 metros de alto.
Para la iluminación del monumento, se prevé utilizar un sistema LED que posibilitará cambios de color en fechas especiales. "Así lo acordamos en reuniones de la fundación con la empresa Philips", indicó el director de la ONG.

Ocho en el mundo, uno en América


De los 20 transbordadores que se erigieron en todo el mundo, sólo ocho siguen hoy en pie. El Nicolás Avellaneda, del barrio porteño de la Boca, es el único que existe en América.
Hasta que vuelva a estar operativo, no puede ser postulado para que la Unesco lo reconozca como patrimonio de la humanidad, como pretende la Fundación X La Boca. Gabriel Lorenzo, director ejecutivo de la ONG, explicó: "El 28 de abril próximo realizaremos en La Boca el Congreso Internacional de Puentes Transbordadores, al que asistirán representantes de todos lados. Allí se propondrá ante la Unesco que todos estos puentes integren la lista". Además, se realizará la undécima edición de la remada por el Riachuelo.
Uno de ellos ya cuenta con la distinción desde 2006. Se trata del primero de los transbordadores construidos: el puente colgante Vizcaya, que se encuentra en España desde 1893. La imponente estructura cruza el río Nervión en el estuario de Ibaizábal, al oeste de Bilbao, y es considerado por la Unesco como "una de las realizaciones más notables de la Revolución Industrial en materia de arquitectura metálica". Se estima que anualmente traslada a casi 6.000.000 de viajeros.
Hay otros tres transbordadores en el Reino Unido (en Newport, Middlesbrough y Warrington), dos en Alemania (Osten y Rendsburg) y uno en Francia (Rochefort-sur-Mer). El Nicolás Avellaneda de Buenos Aires es el único exponente en el continente americano.

El transbordador Nicolás Avellaneda: LA RESURRECCIÓN DE UN PUENTE

Nota de la Revista BRANDO - Noviembre 2014 - Link de la nota



Por Alejandro Caravario | Fotos: Sebastián Pani


Hay solo ocho puentes transbordadores en todo el mundo, y uno de ellos es el de la Boca. Símbolo del barrio y del poderío del hierro, un ingeniero comanda su recuperación y sueña con la posibilidad de que lo declaren Patrimonio de la Humanidad.



El ingeniero Sebastián Sarasqueta, perteneciente a la unidad de negocios Obras Electromecánicas de la empresa Eleprint, es, a todas luces, un cuadro corporativo. Y quizás a menudo lo reclamen las mesas kilométricas y lustrosas de los grandes despachos donde se definen emprendimientos millonarios. Sin embargo, el hombre habla con el fervor de un militante. Vestido de fajina (es decir, dispuesto a ensuciarse), bajo el casco reglamentario y un arnés más complejo que el de un alpinista, muestra con orgullo y detalle la sala de máquinas hecha a nuevo. Los motores, los engranajes originales, preservados con celo, las breves pantallas táctiles de comando que fechan la refundación de este monumento centenario en la era tecnológica: el puente transbordador Nicolás Avellaneda. De sus palabras se desprende que, al menos en este caso, la mística y el compromiso son tan importantes como los cálculos acerca de estructuras, materiales y presupuestos.

"Los trabajadores que tenemos le meten corazón, son buenos artesanos de su trabajo. Todo lo hacen a conciencia y con sentido de pertenencia", sintetiza su logro máximo como líder del grupo. "En septiembre del año que viene, quiero estar cruzando el río. El barrio espera mucho esta obra. Preguntan mucho, la necesitan", agrega. Tan fina sintonía con el deseo colectivo acaso se debe a la sensibilidad del ingeniero. Pero es probable que el barrio influya. Un barrio donde las acciones vecinales -un hábito de raigambre italiana, dicen los que saben- tienen fuerza de mandato bíblico. La Boca, sí. La Boca.

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